dissabte, 8 de gener de 2011

Los directivos de paso nunca consiguen ser directivos de peso

(Principio 37 del libro "Piensa, es gratis" del genial publicista Joaquín Lorente. Libro fácil de leer y certero, muy certero, en la descripción crítica de los tics del mundo de la dirección de empresas. Os recomiendo fervorosamente su lectura. Requiere de una tarde. Lo pasaréis bien)

Un nuevo directivo es una semilla que se planta en la empresa. Si la tierra, el clima y la humedad son correctos, tiene el deber y la obligación de dar frutos con su trabajo.

Los años me llevaron a la conclusión de que, al igual que las semillas, todo directivo necesita un tiempo de germinación que podemos dividir en tres fases.

La primera es la hidratación, se produce una intensa absorción de agua por parte de los distintos tejidos que forman la semilla. De idéntica manera, el nuevo directivo se hidrata, sumergiéndose e impregnándose en todas las oportunidades y problemas de sumisión.

La segunda es la germinación. En ella se producen las transformaciones metabólicas necesarias para el correcto desarrollo de la planta, mientras se reduce considerablemente la absorción de agua. A su vez, el directivo ajusta su metabolismo y mientras entiende el nuevo ambiente, perfila el desarrollo que va a aportar. Ahora absorbe muy poco: ya no se concentra solo en recibir, planifica el dar.

La tercera fase es la del crecimiento, que se asocia con la emergencia de la radícula, el cambio morfológico visible. Crece la absorción de agua y la actividad respiratoria. En el directivo debe coincidir con su crecimiento, fundamentado en disponer de recursos y sudar intensamente la camiseta.

¿Qué ocurre cuándo estos plazos no se respetan? Fácil: si la empresa-huerto ha facilitado la tierra, el clima y el agua lógica y el directivo-semilla se va antes de tiempo, el tipo es un cretino y lo invertido en él ha sido gastar pólvora en salvas. Entre otras estupideces, acostumbran a alegar que un head hunter los tentó con una propuesta irrenunciable y que muchas gracias por todo. Es la clásica excusa de los pájaros locos del picoteo en su propio currículo. Desconocen lo que significa contribuir al crecimiento ajeno; solo buscan el propio. Normalmente, al tercer vuelo siempre quedan retratados y agujereados.

Cosa distinta es cuando la empresa no cumple nada de lo previsto. Las buenas semillas, en las tierras áridas, no deben durar más que lo que dura una luna de miel con eclipse total de sol.

Mi experiencia me enseñó que, si todo funciona con dignidad, cuatro años es el tiempo mínimo para germinar, crecer y dar copiosos frutos. Respecto al tiempo máximo, si no se deteriora la fe, mientras el cuerpo aguante.

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